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Seminario Terrorismo y sus víctimas. Una mirada desde los Derechos Humanos

Respuesta Social ante el fenómeno terrorista.El caso vasco.


Jordi Giráldez
Psicólogo



La respuesta social ante los fenómenos terroristas varía en función de la sociedad en la que tienen lugar y también el contexto sociopolítico de la misma. Si bien las respuestas diferirán si la sociedad es mas o menos homogénea (p.e. Irlanda del Norte vs. País Vasco), igualmente variarán dependiendo del contexto sociopolítico.

Este trabajo pretende ser un breve ensayo sobre las claves que nos puedan explicar qué sucede en una sociedad, por ejemplo la vasca, para pasar de un escenario de negación, silencio y ausencia de respuesta activa ante la violencia política a un momento de reacción social y polarización sociopolítica tanto en el plano individual como colectivo. Todas las hipótesis que presentamos en este texto son líneas de investigación que nos gustaría seguir trabajando en un futuro cercano. Algunas fructificarán, otras, posiblemente, serán descartadas.

El concepto del Otro/Otros más tratado habitualmente en la literatura es el definido magistralmente por R. Kapuscinski en las diferentes conferencias que impartió sobre el tema, todas ellas recogidas en el libro Encuentro con el Otro. En ese texto el Otro es el forastero, el diferente, el no-yo. El que utilizamos en nuestro ensayo es el que podemos extraer de la definición que De la Corte, Sabucedo y Blanco (2004) hacen de acto terrorista.

Para que una acción de carácter violento pueda ser considerada terrorista tiene de cumplir dos premisas:

a) Un uso premeditado de violencia manifiesta sobre ciertos objetos o personas.
b) Esta violencia no tenga un objeto finalista sino ejemplificador.

Estas personas, sobre las que premeditadamente se ha decidido ejercer una acción violenta, son el Otro/Otros en los que se basa este trabajo. El Otro es el no-yo: la violencia utilizada contra él sirve al terrorista para definirse, le distingue del enemigo y le identifica con su grupo de referencia (F. Savater, 1982) La definición de este Otro/Otros por el agente violento, en el caso vasco, se ha ido modificando atendiendo a diferentes motivos. A lo largo de este breve ensayo intentaremos descifrarlos, así como describir la respuesta que la sociedad vasca ha ido presentando en función de la variabilidad del perfil dictado por los terroristas.

Como señala Drake (1998), la identificación del objetivo por parte del terrorista, la selección del Otro, atendiendo a su visión estereotipada, - diferenciando el mundo social en dos, los que nos apoyan, nuestros partidarios y nuestros enemigos -, será dinámica y podrá variar en función del contexto sociopolítico, la estrategia que el grupo siga en ese momento, la accesibilidad al Otro y los recursos disponibles, entre otros factores.

La necesidad de la definición del Otro y la atribución a éste de la responsabilidad de la acción violenta vienen definidas en las principales estrategias retóricas que los terroristas emplean para justificar sus actos (De la Corte, Sabucedo y Blanco, 2004):

a) Apelación a fines o principios elevados.
b) Desplazamiento de la responsabilidad de las agresiones.
c) Devaluación de las víctimas.

Estos puntos son las estrategias generalmente utilizadas por los agentes violentos para superar la disonancia cognitiva que se presenta al entrar en contradicción la acción violenta que está llevando a cabo y sus valores o creencias morales. Este fenómeno, se verá reproducido de una manera similar en gran parte de la sociedad vasca que, sin participar en las acciones violentas, ni ampararlas de una forma explícita, a lo largo de los años ha ido conviviendo con el asesinato y la extorsión de conciudadanos y de una manera u otra ha evitado pronunciarse, las ha silenciado y en el peor de los casos justificado.

Construcción del Otro.

La definición del Otro y la tipología social del grupo tiene diferencias notables. En el caso de la violencia de carácter político en Irlanda del Norte, la homogeneidad grupal, con identidades muy definidas que además conviven en espacios diferentes, permite una construcción del Otro de una manera muy nítida; el Otro es el protestante/católico que vive en el barrio protestante/católico y viceversa.

En el caso vasco la heterogeneidad del colectivo, donde diferentes identidades se entremezclan en el mismo barrio, incluso en el mismo sujeto, hace más complejo este proceso de categorización del Otro, y las justificaciones que los agentes violentos hacen están constantemente en revisión. El proceso de definición del perfil del Otro es dinámico, atiende a variables dependientes del contexto sociopolítico. Al no existir dos bandos/realidades, los Otros se definirán en función de ser percibidos como agentes imposibilitadotes de una determinada propuesta, por lo tanto, la definición que ampare la utilización de la violencia “salvadora” deberá de ir ajustándose a las situaciones.

Esta definición dinámica del Otro a lo largo del tiempo está relacionada con la respuesta que la sociedad vasca ha ido dando al fenómeno terrorista. Podríamos observar que la sociedad en su conjunto se ha activado contra el terrorismo y participado en manifestaciones de rechazo en función de su identificación con el Otro.

La identificación con el Otro ha sido un proceso paulatino. En los años 80 la identificación con el Otro es prácticamente inexistente, por lo tanto las respuestas de rechazo fueron muy limitadas. Según se sucede el tiempo y ETA va modificando el perfil del Otro, ampliando a más colectivos su punto de mira, la sociedad comienza a identificarse con el Otro y por tanto a reaccionar. El ejemplo más evidente de este proceso es el asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997. Reducir a este factor de identificación , - ese Otro podía ser yo -, la respuesta social ante el terrorismo, sin contar con la labor moral de grupos como la Coordinadora Gesto Por la Paz y los llamamientos institucionales a la participación en las protestas es claramente limitado, pero es un elemento básico, a nuestro juicio, para entender la respuesta social. Un análisis de los atentados, el perfil de las victimas y la respuesta social a lo largo de los años muestra una relación directamente proporcional entre identificación con el Otro y respuesta Social. Podríamos resumir que a mayor identificación con el Otro, mayor respuesta social.

El miedo como factor fundamental a la hora de evaluar la conducta humana juega aquí, en este contexto, un papel primordial. El miedo a ser el Otro evita en muchos casos la exteriorización de nuestra opinión ante el terrorismo. Mostrar nuestro rechazo, nuestra cercanía las víctimas puede señalarnos y convertirnos en un posible objetivo, en el Otro. Manteniéndose en el silencio se bloquea su representación social. Este proceso es conocido como espiral del silencio (v. Martín Beristain y Páez, 2000).

Se puede observar que a medida que se extiende y amplia la definición del Otro por parte del terrorista, y ésta comienza a ser más cercana a nuestro perfil, el sujeto toma la decisión de exteriorizar su postura. Factores como la percepción del riesgo y del control serían fundamentales para explicar el cambio de conducta. La ilusión de control permite al sujeto elaborar la posibilidad de ser objeto de un acción terrorista en función de ser identificado como el Otro, con el paso del tiempo desaparece al comprobar que la variabilidad en la definición no se atiene a esa premisa. La motivación al cambio conductual, - manifestar el rechazo al terrorismo -, vendría determinada por la percepción del riesgo de ser el Otro.

Las respuestas elicitadas por el miedo a una acción violenta son muy variadas. Las estrategias de afrontamiento que aparecen son generalmente, la huida, la sumisión o la agresión. (Mannoni, 1984). Una cuarta respuesta, la de la denuncia, a la que nos referiremos más adelante, juega en el contexto que nos ocupa un papel principal, convirtiéndose en la única de todas las estrategias de afrontamiento presentadas que mantiene la consistencia interna entre la actitud y la conducta.

La agresión como respuesta a las acciones terroristas por parte de las victimas es prácticamente inexistente en nuestro contexto. La huida ha sido, desgraciadamente, muy numerosa en la historia del terrorismo en el País Vasco. Se calcula que alrededor de 200.000 personas han abandonado Euskadi por motivos de persecución y amenazas según la Coordinadora Gesto por la Paz. La paralización-sumisión quizá sea la respuesta más observada en el conjunto de la sociedad vasca. Al ser una conducta contra-actitudinal, - el sujeto actúa de manera diferente a lo que piensa -, requerirá un ajuste que evite la tensión generada por esta incongruencia.

Observamos que las estrategias retóricas que en la introducción de este texto veíamos como las más comunes para justificar las acciones violentas por parte de los ejecutores y sus grupos de apoyo, se reproducen de alguna manera en el repertorio de una parte importante de la sociedad vasca que no apoya directamente el terrorismo. ¿Podría un sujeto que admite tener miedo a sufrir un acto violento, que reconoce haber silenciado su postura contra la violencia para evitar ser señalado, utilizar argumentos que son propios de grupos violentos o de apoyo a éstos?.

El repertorio retórico de los violentos y los grupos que les apoyan para justificar las acciones violentas, como señalábamos anteriormente, se apoyan básicamente en tres pilares (De la Corte, Sabucedo y Blanco, 2004): apelación a fines o principios elevados, desplazamiento de la responsabilidad de las agresiones y devaluación de las víctimas. De una manera u otra, gran parte de la sociedad vasca, que rechaza la violencia y que reconoce no tener libertad para expresar su postura contraria a los actos terroristas por miedo a ser identificado como el Otro, ha mantenido simultáneamente argumentos muy cercanos a los utilizados por los grupos violentos. Frases como: “hay que reconocer un conflicto de origen político que no podemos olvidar”, “si no te metes en líos, no te pasa nada”, “ya sabía lo que había cuando se metió en política”, son sin lugar a duda apelación a fines elevados y desplazamiento de responsabilidad definidos anteriormente. La discrepancia entre nuestras actitudes y nuestra conducta, como señala L. Festinger (1957), avoca al sujeto a reformular sus pensamientos y creencias o a modificar su conducta para reducir la tensión producida.

La respuesta resistente y de denuncia, la cuarta respuesta, juega un papel fundamental es este panorama. En este caso no existe la disonancia cognitiva que apreciábamos en el grupo anterior. Aquí las ideas y creencias del sujeto son coherentes con su conducta de rechazo activo a la violencia. La motivación que lleva al sujeto a manifestar su posición de denuncia no se basa en evaluaciones particulares sobre la percepción del riesgo a ser objeto de una acción violenta, - paradójicamente gran parte de ellos ya lo son -, si no en valores morales, dignidad humana y respeto.

Contexto político y respuesta social.

Los contextos políticos que se suceden a lo largo de un periodo histórico determinan en gran medida las respuestas sociales ante diferentes eventos. La respuesta social ante el terrorismo en la transición española difiere radicalmente de la que se dio en la sociedad vasca en la época del pacto de Ajuriaenea o tras el Acuerdo de Lizarra. Los mensajes institucionales que recibe la ciudadanía modelarán en gran medida su actitud ante la violencia y su conducta posterior de rechazo explícito al terrorismo. Además, diferentes agentes sociales, en el caso vasco, han sido vitales para la dotación de un Corpus Moral que ha favorecido el posicionamiento claro contra la violencia de la mayoría de la ciudadanía, - actitud -, y su participación en muestras activas de rechazo, - conducta -.

A finales de los años 70 y principios de los 80, en plena Transición democrática, la respuesta social ante el terrorismo, que paradójicamente era la época más convulsa por el número de muertos/año, fue prácticamente inexistente. Diferentes factores históricos como el Franquismo y sus rémoras en la aún joven democracia, - cargos policiales y militares principalmente -, favorecieron una ausencia de respuesta social ante los atentados de ETA. La distancia abismal entre los objetivos y la ciudadanía anulaban la respuesta. Otros factores como la comprensión internacional, la actuación de grupos como el GAL, que reforzaban la justificación acción-respuesta, cimentaron esta situación.

A mediados de los años 80 grupos como Gesto por la Paz comienzan sus movilizaciones y van dotando a la colectividad de una serie de valores humanos que hasta la fecha parecían no estar presentes a la hora de conformar una postura hacia la violencia. El valor de la vida por encima de cualquier otra consideración y la separación en diferentes dimensiones de los conflictos de carácter político y las acciones violentas, fueron parte más que sustancial para el cambio de la respuesta social y política, reforzándose estas mutuamente. El Pacto de Ajuriaenea (1988), firmado por todas las fuerzas políticas en Euskadi salvo HB, está inspirado por esta nueva visión que los movimientos por la Paz venían promulgando desde hacia varios años. El posicionamiento de las instituciones cambia desde ese momento, - más tarde volvería a hacerlo con los Acuerdos de Lizarra -. Se separan los objetivos legítimos de cada opción política de la violencia. Ésta deja de ser considerada como producto de un problema previo, y comienza a definirse como el problema en sí. Se condena la violencia y a sus justificadores y ese mensaje institucional cala en la sociedad. Las manifestaciones de rechazo a la violencia, promovidas por las instituciones, fueron las más multitudinarias que hasta la fecha se habían celebrado en el País Vasco. La importancia del mensaje Institucional queda patente; el liderazgo social de los representantes públicos y el rechazo que en ese momento manifiestan públicamente, pone en evidencia dos cosas: por un lado, la capacidad de las instituciones democráticas de movilizar a la sociedad, cargarla de argumentos para su cambio actitudinal, y por otro, desgraciadamente, la ausencia de este posicionamiento hasta la fecha.

A raíz del secuestro del industrial Julio Iglesias Zamora en 1993 cuatro organizaciones pacifistas, entre ellas la Coordinadora Gesto por la paz, crearon el símbolo del lazo azul. Miles de vascos ante este y otros secuestros posteriores – José Maria Aldaia, José Antonio Ortega Lara, Cosme Delclaux y Miguel Ángel Blanco -, decidieron mostrar su rechazo poniéndose en la solapa el mencionado símbolo, que con forma de A, - Askatu, libertad en euskera-, no solo se posicionaban ante la violencia terrorista, además se solidarizaban con la víctima y exteriorizaban su postura, conductas que hasta ese momento no eran habituales en la sociedad vasca.

La caída de la cúpula de ETA en Bidart en el año 1992, el mayoritario rechazo social a sus acciones y el consiguiente debilitamiento pone fin al periodo de guerra de desgaste, que hasta esa fecha impera en la estrategia terrorista (I. De la Calle e I. Sánchez-Cuenca, 2004). ETA y su entorno preparan la ponencia política Oldartzen que, presentada en 1995, promulga dos líneas bien definidas y concatenadas, por un lado la creación de un frente nacionalista y por otro la reorientación estratégica de las acciones violentas con la conocida “socialización del sufrimiento”. Los objetivos de las acciones violentas no solo serán las fuerzas de seguridad o los empresarios, representantes de lo que ETA llama “aparatos del Estado”, sino que ahora la definición del Otro abarca a todos los representantes civiles de esos aparatos, - desde periodistas y jueces a cargos públicos y representantes políticos, principalmente no-nacionalistas, pero también, y hasta ese momento algo inédito, se comienza a acosar las sedes de partidos nacionalistas y a la policía autonómica vasca (Ertzantza). Siguiendo lo que L. De la Calle e I. Sánchez-Cuenca (2004) denominan estrategia del palo y la zanahoria, ETA y su entorno pretenden amedrentar a los nacionalistas más moderados con esos ataques, empujándoles a la formación de ese bloque nacionalista y por otro les facilitan acuerdos puntuales en las instituciones. El control e intimidación de la sociedad, con el asesinato de representantes políticos de partidos no nacionalistas deja claro que ETA, ante la movilización social y el rechazo que suscita, busca la paralización de esta respuesta ampliando el perfil del Otro.

Este nuevo giro en la estrategia del asesinato y la violencia de acoso y persecución modifica nuevamente, a partir de los acuerdos de Lizarra (1998), la respuesta social ante el terrorismo. ETA logra la imposición de los frentes pretendidos en 1995, nacionalistas y no-nacionalistas. El rechazo mayoritario a la violencia terrorista vivido un año antes en las manifestaciones por el secuestro y asesinato M. A. Blanco da paso a una polarización social y de nuevo a la confusión medios-fines que parecía estar superada.

Desde la firma del Acuerdo de Lizarra (1998) hasta la actualidad las instituciones vascas han presentado una serie de iniciativas y propuestas en relación al terrorismo de diferente carácter. El reconocimiento del silencio, el olvido y la falta de apoyo institucional a las víctimas, reflejado en los Actos de Homenaje y Reconocimiento a las Víctimas del Terrorismo celebrados en el Palacio Euskalduna (2007) y El Kursaal (2008), ha sido un momento clave para constatar cual ha sido la respuesta que las instituciones vascas, y por ende la sociedad que representan, han dado durante muchos años a las víctimas del terrorismo.

A continuación recogemos extractos del discurso del Lehendakari Ibarretxe en el acto del Palacio Euskalduna en Bilbao. Creemos que son muy coincidentes con el análisis que hemos realizado hasta el momento:

«Durante décadas, los ciudadanos vascos no hemos sabido transmitir colectivamente nuestro apoyo a las miles de personas que han sufrido la agresión de la violencia. No estuvimos a la altura de las circunstancias como sociedad frente a las penurias y sufrimientos de cientos de familias en este país», «Aún estamos a tiempo de pedir perdón y entonar un lo siento colectivo por los errores que hayamos cometido a la hora de expresar nuestro cariño», «Las instituciones de este país hemos manifestado en múltiples ocasiones nuestro compromiso inequívoco con la defensa del derecho a la vida y de las libertades de todas las personas. Desgraciadamente, este compromiso no ha sido suficiente», «Nos ha costado mucho llegar hasta aquí, desde las instituciones quisimos, pero no supimos romper el muro de silencio que la violencia iba edificando como resultado de la secuencia de atentados terroristas que se iban produciendo durante décadas», «Hoy estamos aquí para saldar esta deuda moral histórica que teníamos contraída con las víctimas del terrorismo. Muchos de vosotros pensaréis que llega tarde, y es verdad», «Queremos ratificar nuestro compromiso de solidaridad activa y de reconocimiento ético, político, social y material a todos los que habéis sufrido la violencia, la intolerancia y el terrorismo en cualquiera de sus manifestaciones».

La posición de la mayoría de la sociedad vasca contra el terrorismo es firme, parece que no se volverá a tiempos pretéritos donde la respuesta ciudadana ante la violencia fue inexistente. El trabajo de carga moral de la sociedad se ve reflejado en las manifestaciones de repulsa a los atentados en ciudades y pueblos de todo Euskadi. Veintidós años después de las primeras manifestaciones contra el terrorismo, gran parte de la sociedad parece no estar dispuesta ha abandonar la defensa de la vida como valor fundamental, aunque el mantenimiento por parte de algunos sectores políticos de la confusión medios-fines puede alargar mucho este doloroso proceso.

Conclusión.

La ausencia de una política de Tolerancia Cero durante años y el silencio mantenido por muchos ciudadanos para evitar ser señalados explica en gran parte la escasa respuesta activa ante la violencia por parte de la sociedad vasca. Por otra parte, la batería de argumentos confusos lanzados por muchos dirigentes políticos con responsabilidades institucionales reforzaron en un momento, y quizás tambien ahora, posicionamientos equidistantes y condescendientes con la violencia en gran parte de la sociedad, posicionamientos que conllevan una ausencia de rechazo frontal a los actos violentos. Por un lado, esta ausencia de rechazo refuerza el convencimiento de los violentos de tener un apoyo más amplio del real, y por otro, muestra el desapego, indiferencia e incluso deshumanización que han padecido las victimas. Este último punto es posiblemente uno de los más importantes a la hora de evaluar el nivel moral de una sociedad. La incapacidad de la ciudadanía de percibir que el Otro, los Otros, somos todos y cada uno de nosotros mismos, posiblemente jugará un papel similar en el futuro al que hoy en día tiene el ”sentimiento de culpa” en la sociedad alemana con respecto al Holocausto.

La respuesta clara contra la violencia y la denuncia del silencio y del olvido de todas las personas que han sido asesinadas, heridas y perseguidas por el totalitarismo terrorista, respuesta que en 1986 comenzó con grupos como la Coordinadora Gesto Por la Paz y que cientos de miles de vascos dan día a día, - gran parte de ellos perseguidos y señalados -, será el camino por el que la sociedad vasca encuentre la salida al vertiginoso Laberinto Vasco.




Bibliografía Recomendada

- De la Calle, L.; Sánchez-Cuenca, I. (2004). La selección de las víctimas en ETA. Revista Española de Ciencia Política, 10, 53-79.

- De la Corte, L.; Sabucedo, J. M. y Moreno, F. (2004). Dimensiones psicosociales del terrorismo. En L. De la Corte; A. Blanco y J. M. Sabucedo (Eds.). Psicología y Derechos Humanos (189-220). Barcelona: Icaria.

- De la Corte, L. (2006). La lógica del terrorismo. Madrid: Alianza Editorial.

- De la Corte, L.; Kruglanski, A.; De Miguel, J.; Sabucedo, J. M. y Díaz, D. (2007). Siete principios psicosociales para explicar el terrorismo. Psicothema, 19, (3), 366-374.

- Drake, J. C. M. (1998). The role of ideology in terrorist target selection. Terrorism and Political violence, 10, (2), 53-85.

- Fernández, I.; Ayllón, E. y Moreno, F. (2003). ¿Cuándo se legitima la violencia? Una tipología psicosocial sobre las justificaciones que sirven para legitimar el uso de la violencia. Encuentros en Psicología Social, 1, (2), 148-151.

- Festinger, L. (1957). A theory of cognitive dissonance. Stanford: Stanford University Press.

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- Kapuscinski, R. (2007). Encuentro con el Otro. Barcelona: Anagrama/Crónicas.

- Mannoni, P. (1984). El Miedo. México: Fondo de Cultura Económica.

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- Markez, I.; Moreno, F. y Izarzugaza, I. (2006). La violencia colectiva: un problema de salud pública pendiente de ser investigado. Norte de Salud Mental, 25, 45-59.

- Reinares, F. (2001). Patriotas de la muerte. Madrid: Taurus.

- Sabucedo, J. M.; Blanco, A. y Fernández, C. (2002). Elementos psicosociales en la conducta de voto nacionalista. Psicothema, 13, (2), 181-185.

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Jordi Giráldez Comentario por Jordi Giráldez el julio 3, 2008 a las 10:33am
Hola Pablo. Estoy de acuerdo contigo. No se puede meter en el mismo saco a todo el mundo, por eso diferencio entre los que han optado por el silencio como respuesta y los que han decidido resistir y denunciar el terrorismo, el silencio y el olvido. Por otro lado, la solidaridad del resto del pueblo español con el pueblo vasco es un factor muy importante, aunque en el texto me centré en la respuesta de la sociedad vasca por ser ésta la que convive diariamente en sus pueblos y ciudades con el miedo a ser identificado con el Otro. Muchas gracias por los comentarios. Un placer.
Jordi Giráldez.
Pablo de Castro Comentario por Pablo de Castro el julio 2, 2008 a las 7:17pm
Jordi, me ha encantado, igual que verte la exposicion en directo. Por apuntar algo, creo que hay que tener muy en cuenta la solidaridad del resto del pueblo español con el pueblo vasco. Resulta clave diferenciar, cuando estas afuera, entre los que estan comprometidos por la libertad y la democracia y quienes no. No se puede meter a todos en el mismo saco, por que eso desanima, sin duda. La esperanza vendra del lado de que ningún partido utilce nunca mas como estrategia electoral la politica antiterrorista para recolectar votos fuera de Euskadi.
Te sugiero que subas también el Powerpoint como un archivo añadido.
NOTA: Como me apetece opinar sobre el tema, es por lo que intervengo no como administrador de UIMP2.0 sino con mi nombre de usuario personal.
Saludos y nos vemos mañana y pasado. Hoy me fue imposible asistir, auqnue me han comentado que la intervención de Eduardo fue "espectacular". Ya le veremos en el video que se ha grabado.
Pablo de Castro
castro.manzano@terra.es
www.pablodecastro.com
Jordi Giráldez Comentario por Jordi Giráldez el julio 2, 2008 a las 1:18pm
Gracias por tus palabras. Un abrazo
Eduardo Madina Comentario por Eduardo Madina el julio 2, 2008 a las 1:17pm
Qué limpio y que directo. Enhorabuena

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